May 03, 2026

¿Envejecer sin perjudicar a los demás?

 




¿Envejecer sin perjudicar a los demás?

Quizás vemos u observamos a un adulto mayor (de 50 años o más) que siempre está de mal humor, es verbalmente agresivo o usa un bastón contra otras personas o mascotas. Controla y manipula todo en su hogar: su comida, lo que come y su entorno. Todavía cree que puede hacer las cosas, pero comete errores que solo lo vuelven más agresivo. Olvida cosas y lugares y se irrita con la higiene personal. Pronuncia mal las palabras o los nombres de las cosas. Se queja de los demás sin razón lógica. Cree que sus sueños son la realidad y se confunde con la situación actual. No quiere socializar y se aburre con todo. No puede concentrarse y gritará si insistes: "¡Es tu culpa!". Siempre tiene una expresión muy seria en el rostro y aprieta el pecho o los labios, incapaz de sonreír. Sus ojos son como los de un águila, siempre agresivos con todo y con todos. Camina despacio y se aburre con quienes caminan más rápido. Quiere que todos en la casa sigan su ritmo lento. A veces adoran a sus mascotas, otras veces se aburren y no las quieren cerca. Sus cambios de humor son más pronunciados en la vejez. Su ansiedad y depresión, sin una causa clara, aumentan y les interrumpen el sueño. Constantemente se mueven inquietos con las piernas, las manos o la boca. Su vista se deteriora y no quieren usar gafas porque no desean sentirse viejos. La artritis es más severa, sus zapatos ya no les resultan cómodos y no quieren que los vean con zapatos de "anciano", por lo que se resbalan con frecuencia. Etcétera.  Etcétera. 

¿Cuántos casos conocemos? ¿Cuántos casos presenciamos? ¿Formamos parte de esta situación?



Uno de mis trabajos en Italia fue el de cuidadora de ancianos, una labor que puede parecer fácil para algunos, pero que es muy delicada y requiere mucha paciencia. En mi libro, "Carry On" (como lo titulé), hablo de esta experiencia, entre otras. No me presento como una "supermujer", pero la mayoría de los inmigrantes tienen tantas historias que contar, y quizás puedan ayudarte a encontrar más valor en tu vida, a apreciar lo que tienes y a reflexionar sobre si realmente estás dispuesto a emigrar a un país tan diferente al tuyo. Porque aquí no habrá oficinas bonitas, horarios cómodos ni tiempo libre, ya que, sinceramente, trabajamos en más de dos empleos para poder cubrir todos los gastos que exige el mundo desarrollado, y así sucesivamente. Bueno, hoy no hablaré de eso, sino de otro tema.


Recuerdo que la primera anciana a la que cuidé era una viuda italiana de más de 80 años. Vivía en su apartamento con sus hijos y su marido. Guardaba todos los recuerdos de su difunto esposo en el armario, así como cuadros, adornos, discos antiguos, muebles y objetos decorativos antiguos por todo el apartamento. Las otras dos habitaciones estaban llenas de juguetes y adornos de sus hijos (sus hijos no viven con ella; tienen sus propias familias). Mi contrato era solo de cuatro horas al día para limpiar, organizar su día, hacerle la compra, intentar ayudarla con la limpieza y charlar con la anciana. Uno piensa: "Podría ser mi abuela o mi madre" cuando ve a personas mayores. Y me entristecía saber que sus hijos no pasaban tiempo con su madre, a pesar de vivir en la misma ciudad, porque siempre estaba sola.
El primer día, la anciana me miró y no dijo nada más. El segundo día, me esperaba con una lista que ella misma había escrito, indicando lo que quería y lo que no. Controlaba cada uno de mis movimientos y todo lo que hacía, desde cocinar hasta lo que compraba. El tercer día, empezó a criticar mi comida, mis compras y los precios. Estaba aburrida de la televisión y la radio, y a veces quería silencio y luz tenue. Usaba yo zapatillas, para no hacer ruido en su casa, y evitar que se enojara o se irritara conmigo.
La anciana no quería mascotas en casa desde que murió su último perrito. No quería usar bastón para caminar y no quería hablar de sus hijos (que la irritaban con solo aparecer en la puerta de su apartamento para saludarla). La anciana anhelaba verlos en fotos de cuando eran niños, con su esposo y ella, pero no en persona. Aprendí a ser paciente y a ayudarla a comer su minestrone (una sopa con fideos pequeños y verduras muy tiernas). Le gustaba el pan caliente hecho en la parrilla eléctrica y sentarse en su balcón a charlar con sus plantas.
Un día, recibí una llamada de su hija (quien me había contratado), diciéndome que su madre se había resbalado en las escaleras y ya no podía vivir en su apartamento; ahora estaría en una residencia de ancianos con cuidados especializados. Y que mi trabajo había terminado.
¡Así de repente!

A través de mi trabajo cuidando a personas mayores en sus hogares y en residencias, he comprendido mejor lo que significa envejecer. No todos somos conscientes ni aceptamos la realidad que muchos tendremos que afrontar debido al cuidado de nuestras parejas, padres u otros familiares, o por motivos laborales.
¡Pero no olvidemos que nosotros también seremos ancianos algún día!



A menudo, nos aburrimos, perdemos la paciencia y nos agotamos cuidando a la persona mayor a nuestro cargo.
¡No es tarea fácil!
Porque esa persona mayor no es una muñeco al que podamos sentar, vestir como queramos, y ponerle el programa de televisión que nos guste a nosotros.
En otras palabras, esa persona mayor conserva su cerebro y sus sentimientos, y sigue pensando; es fuerte y aún puede decidir sobre su futuro. No se le puede arrebatar su historia, que está plasmada en esos viejos cuadros y cojines, en esa colcha que perteneció a su pasado, en objetos que le traen gratos recuerdos. Por eso es importante que tengan ellos aun en sus pertenencias en las habitaciones de la residencia para ancianos, para que se sientan como en casa y eviten caer en el pánico o la depresión.
Pero, para que esto funcione, es fundamental que nos informemos un poco más sobre lo que significa ser adulto mayor, sobre las enfermedades que pueden afectar al cerebro. 
¡Porque eso también contribuye al envejecimiento tuyo!
Es importante saber esto para poder convivir con tu pareja o familiar anciano, y para que puedas planificar tu futuro cuando tú mismo seas una persona adulto mayor.






Sé que es muy difícil admitirlo, y aún más difícil aceptar que uno está envejeciendo o que ya es mayor. Esta es la etapa más crucial y delicada de la vida. Por favor, no se lo tomen a la ligera, y mucho menos se aburran de su pareja o familiar mayor. Porque todos, sin excepción, envejeceremos algún día.
Ahora bien, la respuesta a la pregunta del título de mi publicación sería:
"Envejecer no perjudica a los demás".
El momento más triste es cuando ya no podemos tenerlos en casa con nosotros ni cuidarlos, porque tal vez necesiten ayuda especial.
¡Preparémonos para ese momento!





Empieza a disfrutar de los momentos preciosos con tu pareja o familiar. Sé más tranquilo y paciente con tu pareja o familiar mayor. 
Y prepárate para cuando llegue el momento de partir.


Empieza a ver la vida desde una perspectiva más realista: una buena sonrisa cada mañana, compartir el desayuno, disfrutar de esos momentos eternos e inolvidables. 
Nadie es perfecto, y es normal perder la paciencia y gritar o llorar cuando no soportamos a nuestra pareja o familiar mayor. 
Respira hondo; nosotros también envejeceremos algún día, ¿y quizás incluso peor? 
Un abrazo desde aquí.

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