Aprendamos a estar solos con nosotros mismos.
Es un título un tanto frío, pero resume una verdad que muy pocos han analizado en profundidad.
Todos, en algún momento de nuestras vidas, hemos experimentado problemas profundos, momentos críticos, en los que la ansiedad, la ira y la tristeza extrema hacen que muchos de nosotros caigamos en una profunda depresión.
La depresión es un problema de salud mental si no se detecta a tiempo, porque puede volverse crítica, y el problema se agrava cuando uno no puede controlar la ansiedad, el nerviosismo, la tristeza sin motivo y el desequilibrio mental y muscular, porque nuestro cuerpo depende de nuestro cerebro, de las ondas que emitimos, de nuestros pensamientos y alma; estas son energías vibrantes que llegan a nuestro cerebro.
¿Problemas? Todos tenemos problemas, en distinta medida y de distinta forma. Olvidar las llaves de casa y pensar que están en el bolso siempre es un problema. Olvidar comprar lo que necesitas y comprar lo que no necesitas también es un problema. Estar más involucrado en los problemas de los demás que en los tuyos propios, es un problema. Y así sucesivamente.
Quien niega tener problemas miente descaradamente sobre su propia vida. Porque para eso hemos venido a este mundo: para afrontar retos y sobrevivir en este hermoso planeta junto a la naturaleza y sus animales. Pero algunas personas convierten todo en un problema, buscando algo sin razón. Quizás les molestan los árboles, los animales, otras personas, y al final, se convierten en un gran problema para su sociedad y para sí mismos.
Cuando sufres una frustración personal inmensa, sientes que tu mundo se ha hecho añicos. Luchas o intentas evitar que se haga aún más añicos, pero tus esfuerzos son insuficientes, sientes que ya no tienes fuerzas para luchar y solo deseas acabar con tu vida... ¡No es cobardía cuando tu depresión llega a su punto más alto!
Durante mis primeros años en Italia, tuve grandes dificultades para integrarme. Mi vida personal fue una lucha constante por no sufrir, pérdidas dolorosas, el sistema laboral fue un reto, tuve que adaptar mi mentalidad a la nueva sociedad y asumí la responsabilidad y la carga de ser autosuficiente. Todo esto fue increíblemente abrumador, ¡y caí en una profunda depresión!
Una depresión que me impidia comprender el problema, y mucho menos verlo. La depresión me cegaba cada día más, me nublaba la vista, ¡y aún más, secaba mi alma!
Para algunos es fácil burlarse, bromear o decirnos qué hacer, cuando la maldita depresión a menudo nos atrapa, queriendo destruirnos sin dejarnos escapar, porque cada día la depresión cierra y ata nuestras alas hacia la libertad de la luz... porque nos quiere lleva a un agujero profundo y gris.
Acepté ir a sesiones con un psicólogo y un psiquiatra.
No debemos pensar que estar loco significa que solo hay que hablar con un psiquiatra; ¡no es así! Muchos de nosotros deberíamos tener una sesión en nuestra vida y liberarnos de tantas cargas que llevamos en el alma.
El psicologo me animo a salir más a menudo con grupos de amigos, a ser más sociable en grupo, a asistir a eventos teatrales, espectáculos, etc. Y, para ser sincera, estar entre toda esa gente, luces, música, sonrisas, conversaciones, voces, etc, te hacía sentir tan bien. Tan bien que no querías volver a casa, querías que el trabajo terminara rápido porque anhelabas regresar con ese grupo. Perdías todo interés en tu mascota, tu casa, tus planes, organizarte, etc. Solo querías estar entre las voces y los colores de afuera, porque cuando volvía a casa, todo estaba en silencio, no había ruido, ni multitudes, nada que pareciera hacerme feliz.
¡Y mi depresión empeoró de nuevo! Entonces la psicóloga me sugirió que hiciera algo para mantenerme ocupada, como tomar clases de cocina, un pasatiempo, manualidades, etc. Y así comenzó mi pasión por las manualidades, ¡pero llegar hasta aquí no fue fácil! Requiere concentración, recordar qué hay que hacer y qué paso dar a continuación, coordinar los colores y los materiales, y, aún más importante, ¡tener paciencia!
Al principio, lloraba, lloraba mucho porque no tenía paciencia, y mi ansiedad llegó al límite. Fue entonces cuando empecé a controlarme, a controlar mis nervios y a encontrar la armonía en mi tiempo. ¡Nada fácil! Pero cuando lo logras, puedes verte reflejada, como en un espejo, y aprendes a tener tiempo para ti misma. Así fue como empecé a decorar mi apartamento, y a crear un adorable espacio donde crear mis manualidades, dándole más cariño a mi hogar, a mi mascota, y a mí misma. Empecé a aprender a cocinar platos nuevos, a disfrutar de mi sofá y a relajarme viendo una película, a sentirme más feliz en mi apartamento y a dejar de sentir tristeza por estar ahí fuera, en ese circo donde todos ríen con máscaras y maquillaje, donde todos fingen no tener problemas y donde todos bailan y ríen igual.
Decidí cortar lazos con ese circo y no sentirme inferior ni marginada por haber elegido ser feliz en mi vida personal, es decir, conmigo misma en mi departamento.
Gané más concentración, más paciencia en el trabajo y en mis aficiones, más armonía al ver las cosas y más fuerza para alejarme de lo que no me hace verdaderamente feliz. Aprendí a cerrar la puerta de mi apartamento a quienes fingían ser amigos pero solo querían que fuera como ese circo. Cerré la puerta a la felicidad efímera, para darme una felicidad sin límites ni restricciones de tiempo. Hoy soy feliz en mi entorno, creando lo que hago, compartiendo mi tiempo y amor con mi familia, concentrándome más y, aún más, viendo los verdaderos colores de la vida, ¡que no están ahí fuera!
No hagas ni aceptes aquello que no te hace feliz; ser feliz es sentirse bien contigo mismo, ¡y eso es la felicidad!
No uso cirugía, bótox ni silicona. Antes, me veía demacrada y mayor. Hoy, me veo más tranquila y relajada. Es porque duermo lo suficiente, no me preocupo por todo ni por qué, no me presiono para comprar cosas que mi economía no me permite, no le doy demasiada importancia a todo y veo las cosas con lógica, pero siempre desde mi propia perspectiva, sin involucrarme demasiado en la vida de los demás. En otras palabras, he aprendido a mantener mi energía, mi luz espiritual, brillando con intensidad sin dejar que otros la apaguen. Y cuando quiero ver una buena película mientras disfruto de una comida deliciosa en mi sillón cómodo, ¡es lo mejor del mundo!
Cierra la puerta a los charlatanes, los problemáticos, la gente nerviosa, ansiosa, chismosa, maliciosa, egoísta, vanidosa y despreciativa, etc. Aléjate de todo esto que apaga tu luz espiritual y sé feliz,
¡sí, sé feliz!
¿Qué quiero?
Tener una autocaravana y viajar con mi familia y mis gatos, y disfrutarla al máximo, en armonía con la naturaleza.
¡Un sueño!





















