Viajar con la familia, el equipaje y nuestras mascotas se ha convertido en una fuente de estrés inmenso, que conlleva una compleja red de trámites, vacunas, y tasas. Esta situación ha llegado a ser insensible —incluso en casos de emergencia o repatriación—, obligando a muchas personas a abandonar a mascotas que son una parte entrañable de sus vidas. Estos requisitos se nos imponen sin tener en cuenta el aspecto emocional. Nuestras mascotas son parte de la familia, y merecemos apoyo y asistencia al regresar a nuestros países de origen. ¡Vivir en el extranjero no nos hace millonarios!
A muchos les gustaría regresar, pero se ven disuadidos por las restricciones de las aerolíneas —como los límites estrictos en el tamaño y número de maletas— y por los abrumadores obstáculos burocráticos que implica llevar consigo a nuestra mascota. Es una experiencia tan angustiosa y estresante, que muchos simplemente deciden quedarse donde están.
Sé que algunos podrían burlarse de esto, tal vez aquellos que no enfrentan tales dificultades o que viven en su patria. Sin embargo, el dolor y la ansiedad que experimentan otros no son motivo de burla.
Antiguamente operaban ferris entre Europa y Sudamérica, hoy en día, ya no existen. En un ferri, podríamos transportar a nuestras mascotas, el equipaje, nuestras pertenencias, e incluso los automóviles. Sería un servicio extraordinario para nuestro regreso a la tierra natal.







































